Transición del Jesús histórico al cristianismo primitivo

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A niveles  antropológicos y de Sociología Religiosa, el trípode memoria-tradición-devoción es sumamente importante para poder comprender cómo nace la religión cristiana, o mejor dicho, cómo se pasa del Jesús histórico, ese que caminó por los caminos polvosos de la Palestina del siglo I d. C., predicando el Reino de Dios y haciendo el bien con Palabras y signos, a los cuales le damos el nominativo de milagros, a lo que fue el cristianismo primitivo o el comienzo de nuestra religión cristiana.

Tomemos Lucas 24, 23-35 (los discípulos de Emaús), donde se expone toda una radiografía de lo que fue Jesús, como lo entendieron a la luz de su muerte, hundiendo sus raíces en la religiosidad judía, y cómo ante la experiencia de la resurrección, retoman de nuevo el camino y se mueven. 

Es todo un ejercicio de un hacer memoria en la figura y en los hechos de Jesús, de darle una relectura a la luz de la fe histórica de Israel, hasta que esto se convierte en tradición, en el sentido de transmisión y en un primer momento sobre todo oral, para después darle ese tinte sagrado o devocional, y así constituirse los fundamentos de la fe o en la fe que profesamos.

Citando al teólogo alemán Gerd Theissen, en su obra “Estudio de sociología del cristianismo primitivo”, y desde una óptica religiosa, la transición primera hacia el cristianismo primitivo pudo darse de la siguiente manera: antes de la Iglesia como institución, existió un movimiento carismático itinerante, relacionado con curaciones, enseñanzas, exorcismos; tenían líderes sin posesiones fijas, dependían de la hospitalidad. Se da una  tensión con autoridades religiosas, pues en esta fase hay una ruptura con estructuras familiares y económicas tradicionales.

En los roles sociales dentro del movimiento, Theissen distingue varios roles sociológicos: a) Carismáticos itinerantes, predicadores nómadas, su autoridad viene del Espíritu, no construyen estructuras estables. b) Simpatizantes locales, señores de casa, patronos, mecenas, aportan recursos materiales, ofrecen hospitalidad. c) Comunidad destinataria,  grupos reunidos en casas, como “iglesias domésticas”. Esta dualidad itinerantes ↔ sedentarizados es clave en el crecimiento. 

Hay factores socio-económicos que ayudan al surgimiento: pobreza creciente en Palestina, carga fiscal bajo Roma, tensiones entre campesinos y élites. El cristianismo entonces ofrecía: compensación simbólica (esperanza apocalíptica), solidaridad comunitaria, revalorización de marginados y por eso atrajo a grupos vulnerables. 

Se da un conflicto social y persecución: por qué el nuevo movimiento generó oposición y tensiones internas en el judaísmo, percepción romana del cristianismo como asociación sospechosa; la persecución entonces refuerza la identidad y cohesión.  

Hay que tomar en cuenta el hecho de la urbanización y expansión: el cristianismo primitivo creció en ciudades, no en zonas rurales; razones sociológicas de ello son: mayor movilidad demográfica, redes de comercio, ambientes pluriculturales, la casa urbana (domus) se convierte en base misionera. 

Entonces, aparecen unos simbolismos religiosos que unifican, tales como: la Eucaristía (igualdad comunitaria, Cena del Señor), el Bautismo (nueva identidad) y fraternidad anti-jerárquica; estos  símbolos superan barreras sociales. Y se da una transición hacia comunidades helenísticas o griegas y es cuando el movimiento sale del judaísmo, y entonces Pablo aparece como figura decisiva en esta etapa del nacimiento del cristianismo.