Hay palabras que se las lleva el viento, como las promesas de año nuevo, los discursos bonitos de los políticos en campaña, frases motivacionales pegadas en la nevera. Y luego está la Palabra, no una palabra cualquiera, sino la Palabra con mayúscula, el Verbo, Jesús mismo.

Este domingo la Iglesia nos detiene y nos dice: escucha. Porque antes de hacer, antes de opinar, antes de corregir al mundo, Dios habla. Y cuando Dios habla, no lo hace para entretener, sino para crear, sanar y convertir.

San Juan lo dijo sin rodeos: “El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros.” No se hizo idea, ni doctrina abstracta. Se hizo vida, rostro, pasos, historia concreta, narrada y vivida desde una realidad concreta, con pasado, presente y un futuro por delante. Y eso cambia todo.

En el Evangelio, Jesús comienza su predicación diciendo: “El Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en el Evangelio.” No empieza con milagros ni con discursos largos, empieza con una llamada clara: la Palabra no es para admirarla, es para obedecerla.

Por eso, este no es solo el “Domingo de la Palabra” (Biblia). No se trata de ponerla bonita en el altar o subir una foto con fondo de IA. Se trata de dejar que la PALABRA (Jesús) nos lea a nosotros, nos confronte, nos incomode y nos cambie.

La tradición monástica desde hace siglos ha venido trabajando en esta idea, pues la Lectio Divina (lectura orante de la Palabra) no busca información, busca transformación. No es leer mucho, es escuchar hondo. Dejar que una frase te acompañe todo el día, como una semilla que trabaja en silencio.

La Encarnación nos recuerda algo fuerte: Dios no grita desde el cielo. Habla caminando con nosotros. Y si la Palabra se hizo carne, entonces la conversión no es un sentimiento bonito, sino un cambio concreto de vida.

El Domingo de la Palabra nos pregunta, sin acusar: ¿La escuchas… o solo la conoces?

¿La lees… o te dejas corregir por ella?

Porque cuando la Palabra entra de verdad, algo siempre cambia. Y cuando no cambia nada, tal vez aún no la hemos escuchado.

Hasta un próximo encuentro 

Desde el Monasterio