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Ramón-Nino- Ramos, M. SS.CC.

La hermosísima ciudad de Santiago, la segunda en importancia del país, y también la Novia del Atlántico, Puerto Plata, están separadas una de la otra por la preciosa Cordillera Septentrional, la cual le queda al Norte a Santiago, y al Sur y Sureste a Puerto Plata.

Los de Santiago y gran parte del Cibao y el Noroeste tenemos dos maneras principales de llegar a Puerto Plata y disfrutar de las envidiables playas del Atlántico. La primera es por la autopista Joaquín Balaguer. Esto nos lleva directamente al mar, pasando por Altamira, que queda justo después del famoso Túnel, y a su lado, penetrando la Cordillera Septentrional está el Distrito Municipal de Río Grande, que pertenece a Altamira.

La segunda manera de llegar a Puerto Plata desde Santiago, es tomando la carretera Luperón, que inicia en el emblemático Edificio Haché, y atraviesa la Cordillera en un recorrido lindísimo con la carretera Turística remozada, pasando por los Distritos Municipales de Pedro García y Yásica Arriba, saliendo cerca del aeropuerto de Puerto Plata.

Pues, asómbrese ahora: el dañino plan del Ministerio de Energía y Minas, consiste en destruir toda la montaña desde Altamira hasta Pedro García y Yásica Arriba, llevándose de paso al Distrito Municipal de SAN FRANCISCO DE JACAGUA (Los Cocos), completando así la destrucción de cuatro Distritos Municipales, dos de cada provincia.

Y lo peor aún es que estos cuatro Distritos, eminentemente fructíferas, tienen ya señalados, en el fatídico plan,  un total de 80 comunidades productivas, muy pobladas y que cuentan con sus propios sistemas de agua potable. Aguas que salen directamente de centenares de manantiales que posee la Cordillera y que serían destruidos, si las comunidades y su gente se quedan indiferentes.

Entre estas comunidades sólo mencionamos algunas, para que se haga una idea: Quinigua, Arroyo del Clavo, el Guazaral, Arroyo Arriba, Río Abajo, La Sabaneta, Los Lirios, Pescado Bobo, La Espensa y Palmarito, todas pertenecientes al Distrito Municipal de Río Grande. Del Distrito de San Francisco de Jacagua tenemos las comunidades de Ranchito de Piché, Piché, Palo Alto, Las Auyamas, Salamanca, Alto del Cedro, Alto Gordo, La Finca, La Manacla y Los Arroyos, entre otras. 

También se irían en el plan engañoso de Energía y Minas, las comunidades de El Brizón, Arroyo Prieto, Caya Quemada, El Puerto, La Altagracia, la Catalina, La Guama, La Guázara, Los Naranjos y Pedro García, que es la cabecera del Distrito que lleva su nombre. Finalmente, del Distrito Municipal de Yásica Arriba, serían destruidas las comunidades de Gurabito de Yaroa, El Puerto, El Kilómetro 30, La Cruz de Yásica, La Vereda, Los Pomos, Palo Blanco, Arroyo Ancho, La China, Tubagua y Sonador de Yaroa.

Estas son sólo la mitad de las comunidades que están en la lista negra, prontas a desaparecer, si permitimos tan repudiable plan; y las veríamos desaparecer, tal como está sucediendo ahora con una serie de comunidades pertenecientes al Distrito Municipal de Zambrana, allá en la Provincia Sánchez Ramírez, donde la Barrick Gold ha acabado con la tierra, los árboles y ha contaminado el agua de toda la zona, no pudiéndose usar ni siquiera por las aves del cielo.

Conviene recordar en este momento, que fue Dios, el que en los versos 7 y 8 del capítulo 3 del libro del Éxodo, bajando del cielo, va al encuentro de Moisés y le dijo:  “He visto la humillación de mi pueblo en Egipto, y he oído sus quejas cuando lo maltrataban sus mayordomos. Me he fijado en sus sufrimientos, y he bajado, para librarlos del poder de los egipcios”.

Nuestro Dios es un Dios liberador, que no quiere el sufrimiento de su pueblo, ni acepta que unos maltraten a otros y lo esclavicen o le quiten sus propiedades, sus frutos, sus aguas, sus tierras, sus casas, en una palabra, sus vidas.

Dios sigue bajando al corazón de cada uno de los pobladores de estas comunidades, y como a Moisés, baja a hablar con sus dirigentes y les dará el cayado como a Moisés, para que luchen a favor de sus comunidades y no permitan su destrucción.

Los 137 dirigentes que hasta ahora están asociados en un grupo que lleva por nombre “Unidos Somos Más”, recuerdan lo que dice la Palabra de Dios en el Primer libro de los Macabeos: “Es mejor para nosotros morir en la batalla que contemplar la destrucción de nuestro pueblo y de nuestro Lugar Santo” (1Macabeos 3, 59). Y por esta razón, buscando su  valentía y las fuerzas, en primer lugar,  en la Palabra de Dios, han decidido darlo todo con tal de no permitir la destrucción de la Cordillera Septentrional y sus 80 comunidades señaladas en este plan de muerte.

Además, nuestra Constitución, por encima de la cual no está absolutamente nadie, dice en su Art. 15: “El agua constituye patrimonio nacional estratégico, de uso público, inalienable, imprescriptible, inembargable y esencial para la vida. El consumo humano del agua tiene prioridad sobre cualquier otro uso”.

Y por si fuera poco, la misma Constitución de los dominicanos y dominicanas que habitamos esta hermosa parte de la isla, dice en su Art. 67: “Constituyen deberes del Estado prevenir la contaminación, proteger y mantener el medio ambiente en provecho de las presentes y futuras generaciones”.

Así que en nombre de Dios y apoyados por la Constitución de nuestra República Dominicana, en el próximo mes de febrero 2026 saldremos a las calles de Santiago y Autopista Duarte a reclamar nuestro derecho a vivir en paz.