Dios busca servidores con entrañas de misericordia

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Homilía del Padre Nino Ramos en la primera misa del Padre Roemil Fernández

En tu ordenación el Señor te recordaba: que está sobre ti y te envía con un buen mensaje para los humildes, para sanar los corazones heridos (Isaías); Te recordaba también, usando a Pablo para ello, que te mantengas siempre unido en el amor, a tu Iglesia, a tu obispo, a tu familia, a tu comunidad, unido en el amor “que cada uno tenga la humildad de creer que los otros son mejores que él mismo” (Fil 2); y te decía directamente Jesús con sus propias palabras: “El Buen Pastor da su vida por las ovejas” (Jn 10,11).

Celebramos hoy el Bautismo del Señor, el momento en que Jesús es ungido por el Espíritu y enviado a su misión. Y hoy, con inmensa alegría, celebramos también la primera misa de un nuevo sacerdote. No es una coincidencia: es una señal de Dios para este tiempo que vivimos.

1. Un mundo sin corazón necesita hombres con corazón

Vivimos en un mundo que corre, que produce, que consume… pero muchas veces sin corazón. Un mundo que valora más lo que se tiene que lo que se es; más el oro que el agua; más la ganancia que la vida.

En medio de esta realidad resuena hoy la voz de Dios en el profeta Isaías: “Miren a mi siervo, a quien sostengo… sobre él he puesto mi Espíritu.”

Dios no envía máquinas, envía corazones ungidos por su Espíritu. Dios no busca funcionarios de lo sagrado, sino servidores con entrañas de misericordia.

Querido Roemil: hoy Dios te recuerda que te sostiene, pero también que te envía a este mundo concreto, con sus heridas, injusticias y oscuridades.

2. “Te he hecho luz de las naciones” (Is 42)

Ser luz no es acomodarse a la oscuridad, sino atreverse a iluminarla. Hoy más que nunca necesitamos sacerdotes con corazón tierno y conciencia firme. Que abracen a los pobres, pero que también den voz a los que no la tienen. Que consuelen, pero que también denuncien con amor lo que destruye la vida.

Ojalá que las cualidades que actualmente y desde siempre te han acompañado a lo largo de tu vida (la nobleza y tu gran humildad; el ser solidario y desprendido de lo material) te ayuden para que desde hoy puedas transitar este hermoso camino que Dios pone en tu corazón, como una gran misión que habrás de cumplir a lo largo de todo el resto de tu vida.

En nuestra querida República Dominicana, vemos con dolor cómo la ambición por el oro y las riquezas materiales está destruyendo bosques, montañas y fuentes de agua, dones sagrados que Dios nos confió para cuidar, no para saquear.

El oro no se bebe. El oro no da vida. El oro no salva ni económica ni espiritualmente.

Defender la creación no es ideología: es fidelidad al Creador. Cuidar la tierra es cuidar a los pobres de hoy y a las generaciones de mañana.

Recuerdo querido Roemil, recordemos todos, que el Santo Padre Papa Francisco, en su maravillosa Encíclica Laudato Sí’, desde el inicio nos dice: “Esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella… la violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes. Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que “gime y sufre dolores de parto” (LS 2).

3. “Dios no hace distinciones” (Hch 10)

San Pedro proclama una verdad que debe guiar toda vida sacerdotal: “Dios no hace distinciones.”

Dios no se pone del lado del poder que oprime, sino de la vida que sufre. No se deja comprar por intereses, sino que escucha el clamor de los pequeños. Y Pedro resume la vida de Jesús con una frase que debería ser el programa de todo sacerdote: “Jesús pasó haciendo el bien”. Pasó haciendo el bien, no acumulando, no destruyendo, no aprovechándose de los débiles, sino sanando, liberando, levantando.

4. Un sacerdote como luz en medio de la oscuridad

Roemil: ser luz no significa gritar más fuerte, sino vivir con coherencia. No significa atacar, sino anunciar la verdad con amor.

Que tu vida diga claramente que:

– la dignidad humana vale más que cualquier riqueza,

– el agua vale más que el oro,

– la justicia vale más que el poder,

– y el Evangelio vale más que cualquier silencio cómodo.

Que seas un sacerdote que no apaga la conciencia, que no bendice la injusticia, que no se acostumbra al dolor ajeno.

5. Bautizado, ungido y enviado

Hoy, al recordar el Bautismo del Señor, recordamos que también tú fuiste bautizado antes de ser ordenado, precisamente en esta parroquia, el 21 de diciembre del 1989. De ahí nace todo.

Que nunca olvides la voz que hoy Dios vuelve a pronunciar sobre ti: “Tú eres mi hijo amado.”

Desde esa seguridad podrás:

– amar sin miedo,

– servir sin cansarte,

– luchar por la justicia sin perder la paz,

– y ser luz verdadera, en nombre de Jesús, en medio de tanta oscuridad.

Pidamos hoy, 10 de enero, por este nuevo sacerdote, por Roemil: que tenga corazón de pastor, firmeza de profeta, ternura de hermano y valentía evangélica para que, con los pies en la tierra y la mirada puesta en el Reino de Dios, sea luz que no se apaga en nuestro mundo y en nuestra tierra dominicana.

Que así sea.

Rev. Ramón-Nino-Ramos.

Fiesta del Bautismo del Señor