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286 Las autoridades públicas tienen el deber de vigilar para que los ciudadanos no se vean privados, por motivos de productividad económica, de un tiempo destinado al descanso y al culto divino. Los patronos tienen una obligación análoga con respecto a sus empleados.616 Los cristianos deben esforzarse, respetando la libertad religiosa y el bien común de todos, para que las leyes reconozcan el domingo y las demás solemnidades litúrgicas como días festivos: «Deben dar a todos un ejemplo público de oración, de respeto y de alegría, y defender sus tra­diciones como una contribución preciosa a la vida espiritual de la sociedad humana».617 Todo cristiano deberá «evitar imponer sin necesidad a otro lo que le impediría guardar el día del Señor».618

 

  1. a) El trabajo es necesario

 

287 El trabajo es un derecho fundamental y un bien para el hombre: 619 un bien útil, digno de él, porque es idóneo para expresar y acrecentar la dignidad humana. La Iglesia enseña el valor del trabajo no sólo porque es siempre personal, sino también por el carácter de necesidad.620

El trabajo es necesario para formar y mantener una familia,621 adquirir el derecho a la propiedad622 y contribuir al bien común de la familia hu­mana.623 La consideración de las implicaciones morales que la cuestión del trabajo comporta en la vida social, lleva a la Iglesia a indicar la desocupación como una «verdadera calamidad social»,624 sobre todo en relación con las jóvenes generaciones.