Señor, haz de mí un instrumento de tu paz. Donde haya odio, siembre yo amor… Esta oración de San Francisco de Asís deberíamos hacerla parte de nuestra vida, sobre todo en este momento que vive el país.


Hoy la inseguridad, la delincuencia y la violencia arropan gran parte de la geografía nacional. Estamos acorralados. Nuestros hogares, y otros espacios se han convertido en cárceles domiciliarias. Se teme salir. Aquí, el irrespeto a la ley se ha vuelto costumbre. Los delincuentes ponen las reglas, y como dijimos hace un tiempo, ellos han puesto al pueblo de rodillas. ¡Qué barbaridad!


Este nuevo panorama nos duele, porque así no era esta Patria amada, y estos episodios de muerte solo los veíamos en películas, y en otras naciones. Ahora los presenciamos en cualquier campo, barrio y ciudad.


Señores autoridades, no se puede perder un minuto más para tomar las medidas necesarias que frenen esta locura de violencia. Hacer más, y hablar menos.

Que el crimen no siga ganando terreno, porque sus raíces de odio y destrucción llegarán tan profundas, que luego será más difícil arrancarlas. Esperamos que la indignación y el dolor que vive el país, ante el crimen cometido contra Orlando Jorge Mera, Ministro de Medio Ambiente, nos lleve a construir una nueva sociedad. Todos podemos aportar. La Patria lo reclama.

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