Santa Teresa de Jesús, Doctora de la Iglesia y orgullo de las letras hispánicas

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Por: Reynaldo R. Espinal

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El 27 de septiembre de 1970, el Papa Pablo VI, de feliz recordación, declaró Doctora de la Iglesia a Santa Teresa de Jesús. Memorable acontecimiento de la iglesia universal y, muy especialmente, para el mundo católico de habla hispana, dado que esta gran escritora,  mística y reformadora española es la primera mujer a quien se le ha conferido tan elevado honor.

Como es sabido, en el ámbito universitario el Doctorado es el más alto y preeminente grado académico. La secular tradición eclesial sigue tres  criterios fundamentales para el otorgamiento del honor de Doctor de la Iglesia, a saber: ortodoxia de doctrina, santidad de vida y sabiduría extraordinaria y eminente.

En el mundo hispánico, Santa Teresa de Jesús es un patrimonio que pertenece no sòlo al ámbito eclesial, sino también a las letras y la cultura, constituyendo una de las figuras más señeras del conocido “ Siglo de Oro”, momento cumbre de la  tradición cultural hispánica en que en hermosa y admirable conjunción se confundieron los místicos y los poetas; los reformadores y los cultores del idioma, poniendo de relieve el esplendor de la vibrante lengua de cervantes que siglos después se conserva cada vez más pujante, contando en la actualidad con más de 400 millones de hispanohablantes a lo largo de todo el orbe.

Ya Fray Luis de Leòn, otro de los grandes de las letras hispánicas,  al referirse al peculiar estilo de escribir de Santa Teresa, encomiaba la pureza y la gracia de su estilo lo mismo que “su elegancia desafeitada que deleita en extremo”, por lo que llegarìa a afirmar: “ dudo yo que haya en nuestra lengua escritura que se le iguale”.

De igual manera, el connotado prosista Juan Valera, al referirse a la escritura de Santa Teresa afirmaba: “frente a Cervantes, la literatura universal puede contraponerle Shakespeare. Dante y quizá Camoens: pero toda mujer que en las naciones de Europa…ha escrito cede la pluma y aún queda inmensamente por bajo, comparada a Santa Teresa”.

Otro juicio de enorme peso y relevancia referente al alto sitial de Santa Teresa en las letras del orbe hispánico, ha sido formulado por Don Ramón Menéndez y Pelayo con toda la autoridad que le confiere su inmensa sapiencia:

“No hay en el mundo prosa ni verso que basten a igualar, ni aún de lejos se acerquen a cualquiera de los capítulos de la Vida, autobiografía a ninguna semejante, en que con la más peregrina modestia se narran las singulares mercedes que Dios le hizo y se habla y discurre de las más altas revelaciones místicas con una sencillez y un sublime descuido de frases que deleitan y enamoran”.

Y afirmaría, refiriéndose a su elevado nivel espiritual: “Santa Teresa habla de Dios y de los más altos misterios teológicos como en plática familiar  de hija castellana junto al fuego”.

Y el notable escritor José Martínez  Ruiz, mejor conocido como Azorín, otro de los grandes admiradores de la santa y mìstica española expresaba: “no sabe muchas veces ni el día ni el mes en que escribe, se olvida de todo; el tiempo y el espacio no existen para ella. Pero del hondo de su espíritu, directamente, espontáneamente, va surgiendo una prosa primaria, pura, sin elementos algunos de estilización…La Vida de Teresa, escrita por ella misma, es el libro más hondo, más denso, más penetrante que existe en ninguna literatura europea; a su lado, los más agudos analistas del yo- un Stendhal, un Benjamin Constant, son niños inexpertos”.

En su gran humildad, Santa Teresa, a pesar de sus no pocos sinsabores y contratiempos, vivió en actitud de permanente gratitud ante su Señor, por todas las gracias, favores y dones de que le dotara, los cuáles puso en todo tiempo a su servicio. Pero nada más grande para ella que conocer al Señor, a quien definía como “la verdad que es cumplimiento de todas las verdades”.

Santa Teresa de Jesús es un regalo inmenso del Altìsimo para la iglesia y la cultura hispánica y universal. ¡Animémonos a conocer su vida y su obra para continuar creciendo en sabiduría y fe!