Continúan los viajes en yolas hacia Puerto Rico. Muchos no entienden que esta travesía en frágiles embarcaciones es un riesgo, y es cercano el encuentro con la muerte.

Los relatos de los sobrevivientes da escalofrío. Parecen una pesadilla, y escenas de una película de terror. Es lamentable ver cómo la ilusión de una vida mejor en otras tierras les hace perder la razón a tantas personas. Son presas fáciles de embaucadores y traficantes del dolor. Estos les pintan castillos en el aire, cuando la realidad en La Isla del Encanto y otros destinos es muy distinta. Allí, los tiempos de abundancia y oportunidades son parte del pasado.

Nos preocupa que haya tantos dominicanos, sobre todo jóvenes, que ya han perdido la fe en que es posible vivir con dignidad en la patria que los vio nacer.

La clase política, y otros sectores, tienen mucha responsabilidad de que hayamos llegado a esta situación. Algunos sólo piensan en sus beneficios y comodidades, a costa del sufrimiento ajeno.

Se olvidan de que la convivencia sólo es posible a nivel familiar, comunitario y nacional, cuando hay equidad y respeto a los derechos fundamentales de los demás.

No olvidemos el sueño de los que forjaron nuestra nacionalidad. Ellos lucharon por una República Dominicana mejor.