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Por: Reynaldo R. Espinal

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En adición a la confusión suscitada por el dato falso proporcionado por Perón a Trujillo sobre Monseñor Lino Zanini, preciso es acotar, que por esas raras coincidencias de la vida, este fue Nuncio en Argentina, pero en 1969, ocho años después de su salida de la República Dominicana. Y precisamente, lo fue cuando Perón asumió por tercera vez la presidencia de Argentina en 1973.

Como todo buen diplomático, sabía de la difícil situación que le esperaba, por las informaciones de que disponía, amén de dos entrevistas que a su llegada sostuvo con Monseñor Pittini.

Cuatro días después de su designación como Nuncio Apostólico, el embajador dominicano ante la Santa Sede, Tulio Franco Franco, mediante correspondencia enviada el 20 de octubre de 1959 a Joaquín Balaguer, entonces vicepresidente, daba cuenta de sus atenciones diplomáticas para con el nuevo representante papal, al tiempo que esbozaba su apreciación respecto a su carácter:

“Como he comunicado a la Secretaría de Estado de Relaciones Exteriores en el curso del periodo en que Usted ha actuado en calidad de Encargado de dicho Alto Despacho, el nuevo Nuncio Apostólico en nuestro país ha emprendido viaje con destino a la República.

Como he informado, igualmente, he hecho todo lo que ha estado a mi alcance para ayudar a desarrollar en el muy distinguido Prelado, el mejor estado de ánimo, propósitos y simpatías. Para ello, no he vacilado en invertir las sumas recibidas de la Secretaría de Estado para viaje a Riese y agasajos y atenciones, así, como también he  empleado, fondos personales míos.

El nuevo Representante de la Santa Sede no solamente es muy apreciado, personalmente, por el Santo Padre, sino que goza de vivas simpatías en la Secretaría de Estado de su Santidad y en otros círculos de la Santa Sede, y es una prestante y muy agradable personalidad.

Como naturaleza, es alguien diferente de Monseñor Siíno. Es una observación que me permito avanzar para las más cordiales relaciones que se establecerán y se desarrollarán, sin duda alguna, con el nuevo Representante de la Santa Sede”.

La actitud de Zanini no fue grata al régimen desde sus inicios. Las instrucciones que había recibido de la Secretaría de Estado, la Cancillería Vaticana, eran precisas: “conservar prudente distancia y mantener frías relaciones con Trujillo y su régimen”.

Tan claros eran los lineamientos de la diplomacia pontificia con relación al caso dominicano que, según autorizadas fuentes, al Padre Miguel Ángel Larrucea, designado superior jesuita para la República Dominicana en aquellos días, se le instruyó a fines de proceder en todo de conformidad con los lineamientos del Nuncio Zanini.

Arribó al país desde Puerto Rico el 25 de octubre para no coincidir con la celebración del cumpleaños de Trujillo el día anterior.97. Así lo reveló al Ex. Canciller de la República y Ex. Embajador ante la Santa Sede el Dr. Víctor Gómez Bergés en entrevista que le concediera en 1983.

Recibió la ordenación episcopal el 3 de septiembre de 1959, un mes y días antes de partir a cumplir su misión a la República Dominicana. El 31 de octubre de 1959 presentó sus cartas credenciales ante el Héctor Bienvenido Trujillo “Negro”, hermano del dictador, quien ostentaba formalmente la Presidencia.

Ya desde aquellos momentos comenzaron a manifestarse, aunque envueltas con las finas sutilezas de la diplomacia, las tempranas tensiones entre Zanini y el régimen. Como expresión de una nueva actitud, se negó a modificar el discurso correspondiente a su presentación de cartas credenciales, lo cual desagradó a Trujillo notablemente, dado que en el mismo no se contenían los habituales elogios y frases encomiásticas de sus predecesores hacia el tirano y sus obras a favor de la iglesia.

Continuará.