Por: Isabel Valerio Lora, Msc.                 Email:[email protected]

Toda forma de adicción es mala. Carl Gustav Jung.

El cannabis sativa es una hierba originaria de los países asiáticos y conocida hace más de 4.000 años. Representa la droga ilícita más utilizada. La marihuana es el nombre que se da, sobre todo en América, a las hojas y ápices florales de esa planta.

En tres estudios recientes publicados en The Journal of Psychopharmacology, la revista Neuropsychopharmacology y el International Journal of Neuropsychopharmacology, se demuestra cómo su uso de la marihuana puede influenciar un número de procesos cognitivos y psicológicos.

El uso del cannabis puede afectar el proceso cognitivo, especialmente en quienes tienen deseo constante de consumir y altera las actividades cotidianas. En hombres, a menor edad de inicio en el consumo, mayor posibilidad de pérdida de memoria, toma riesgosa de decisiones, dificultad para reconocer objetos y problemas para planificar su vida. En mujeres, se presentan problemas de atención y afecciones en las funciones ejecutivas.

Cuando se fuma marihuana, su ingrediente activo, THC, viaja por el cerebro y el resto del cuerpo, produciendo sus efectos. En el cerebro, el THC se adhiere a los receptores de cannabinoides que se encuentran en las células nerviosas, lo que afecta la forma en que estas células funcionan y se comunican unas con otras. Los receptores de cannabinoides son abundantes en las partes del cerebro que regulan el movimiento, la coordinación, el aprendizaje y la memoria y funciones cognitivas más complejas como el juicio y el placer. (Nida.Nih.Gov 2020)

Un estudio muestra que el consumo moderado de cannabis incrementa el riesgo de síntomas psicóticos en los jóvenes, pero tiene un mayor efecto en aquellos con una predisposición a la psicosis. Varias hipótesis sugieren que la dopamina y el glutamato pueden ser importantes en la neurobiología de estas condiciones.La marihuana puede afectar el juicio, la coordinación motriz y el tiempo de reacción, y los estudios han identificado una relación directa entre la concentración de THC en la sangre y el deterioro de la capacidad para conducir. ( Hartman RL, Brown TL, Milavetz G, et al.,2015)