En la literatura bíblica existe el género de los llamados “macarismos’’ que son sentencias utilizadas en la antigüedad que comienzan con la palabra “MAKARIOS’’ y se traduce como ‘’FELICES-BIENAVENTURADOS’’. Esta expresión resalta el honor (hoy día sería la autoestima), lo valioso, lo que tiene valor para una comunidad, pueden servir para revalidar un orden establecido, proponer una escala de valores.

Las bienaventuranzas las tenemos en el Antiguo Testamento (Deut 33,29; Prov 3,13; Job 9,17; Sal 11,1; Is 30.18; y más). En el Nuevo Testamento se contabilizan hasta 37 expresiones (como ejemplo Jn 13,17; Rm 4,7s; Sant 1,12; 1Ped 3,14), pero las más conocidas son las de Mateo 5,3-11 (Sermón del Monte) y Lucas 6,20-23 (Sermón del Llano). En el Antiguo, las bienaventuranzas son relativas a un valor, en el Nuevo proclama a muchos considerados desdichados. Tienen cierto paralelo con la poética hebrea y tienen que ver con las virtudes morales del creyente.

Viendo el texto de Mateo, ellas, las bienaventuranzas, tienen una característica concéntricas. La bienaventuranza de la misericordia articula las otras: las cuatro primeras invitan a la misericordia, las cuatro o tres siguientes brotan de la misericordia.

Mirando cada una tenemos:

-Primera bienaventuranza (5,3): los pobres (en Mateo: pobres en o de espíritu, en Lucas: pobres solamente). La palabra alude al pobre-pobre que se sabe mendigo ante Dios, vulnerable contra la autosuficiencia; la pobreza de espíritu es apertura hacia Dios. San Ambrosio decía que esta bienaventuranza genera las otras, pues no es actitud pusilánime de contemplación de la miseria humana. La gente blinda su existencia y se vuelve infeliz, en esta bienaventuranza se reconoce que uno no se las sabe todas y se admite la necesidad ante Dios. La pobreza material es camino para esta pobreza.  

-Segunda bienaventuranza (5,4): aquí algunos traducen los no violentos, pues la mansedumbre, a veces se ve como algo muy frío (Sal 37), y aquí alude a esos humillados y ofendidos que sufren la violencia y no la devuelven.  Es una paradoja, pues tal parece que los violentos son los que dominan, pero el evangelio enseña lo contrario. El verbo heredar expondría en griego, una noble utopía, aquí estaría la relación de Dios con nosotros, no las habituales de amo y esclavo.

-Tercera bienaventuranza (5,5): la aflicción puede venir de diferentes situaciones,  aquí son aflicciones reales, sufrimientos de la Iglesia. El verbo consolar en griego, está en pasivo divino, que les asegura el revertimiento de su situación.