CANTURREANDO

Arismendy Martínez ( [email protected])

Desde el principio de la creación, Dios pensó en la formación de la familia, por eso dio al hombre y a la mujer, la condición de ser los continuadores de su obra creadora; tanto en la preservación de la naturaleza, como de la vida humana – Génesis 1: 27 – 28.

Les mandó que debía el hombre irse del hogar de sus padres y formar junto a su mujer una nueva familia, de esa forma este mandato se repetiría de generación en generación, para asegurar así la supervivencia de la vida sobre la faz de la tierra – Génesis 2: 22- 24.

Pero, Dios además dispuso que su Hijo naciera de acuerdo a lo que él había dispuesto en la creación de la vida, que el Redentor naciera en el calor fraterno de una familia y esto queda evidenciado en la Anunciación a María, la mujer escogida, la llena de gracias.

En el seno familiar se entregan las debidas enseñanzas de los padres hacia los hijos, razón por la cual, esta se convierte en una agradable escuela de amor – Lucas 2: 51. En el seno de la familia nacen las vocaciones de servicios, tanto a la sociedad en labores cotidianas, como las vocaciones religiosas – 1Samuel 1: 26 – 28.

Los padres deben ser los primeros evangelizadores de sus hijos, impartiendo en la intimidad del hogar las materias que forman la asignatura del amor fraterno, no solo entre los miembros de la familia, sino en la formación intrínseca de los hijos – Proverbios 31: 10 – 31, Exodo 20: 12.

Si en estos tiempos la violencia está copando los ambientes de nuestra sociedad, es por la falta de educar a los hijos en la asignatura del amor y para esta tarea, los padres deben ser los mejores maestros. Desde el ambiente del hogar se debe inculcar a nuestros hijos que amar es respeto, que el respeto es paz y que la paz es fraternidad social.

Desde la escuela del hogar se debe impartir constantemente la asignatura de la sana convivencia social y deben ser los padres, los mejores maestros de sus hijos y no esperar a que sea en las aulas de las escuelas públicas, que enseñen a nuestros hijos a amar. Que el ejemplo de la familia de Nazaret, de Jesús, María y José, sea el punto de partida para que tomemos conciencia de que la familia es la mejor escuela de amor. Bendiciones.