Hacia la Canonización de Carlos de Foucauld

(8 de 12)

     Muchos se preguntan: ¿fue Carlos de Foucauld un evangelizador? Si evangelizaba, ¿Cuáles métodos y medios utilizó?

Se le conoce más por la oración del abandono, por sus largas horas de oración de día y de noche ante la Eucaristía. Por su vida solitaria en el desierto en general, por vivir pobre como los pobres entre los más pobres y para los pobres. Por ser el hermano de todos y también por sus aportes científicos. Se ha conocido menos por su compromiso evangelizador. La vida personal espiritual de Carlos y su enseñanza es totalmente evangelizadora.

       Carlos se ordena sacerdote para ir a los más pobres y abandonados. A las ovejas descarriadas. Abandonó Francia a los tres meses de su ordenación. Se dirige a África, a Argelia. Su meta es Marruecos donde en aquella época no había un solo sacerdote. Por eso, se sitúa cerca de la frontera Argelia – Marruecos para preparar su entrada. Nunca será posible. Conoce en el sur de Argelia las tribus de los Tuareg, los más pobres, de religión musulmana. Y se sitúa entre ellos. Quiere hacer presente a Jesús y la Iglesia. Solo. Él es el único cristiano en aquella realidad. Vive solo. Único sacerdote en un radio de cuatrocientos kilómetros.

      En Carlos ser apóstol es algo que se encuentra en el mismo corazón de su vida mística.

      Se repetía a sí mismo: “Tu vocación será siempre predicar el Evangelio en silencio, en una vida oculta como la de María y José”. Su modelo de evangelizador es la visitación: María lleva a Jesús dentro a la persona necesitada: Isabel.

      Respondiendo al prefecto apostólico del Sahara, le dice: “Para anunciar el evangelio estoy dispuesto a ir a los confines del mundo y vivir hasta el juicio final”. Se retrata de cuerpo entero.

      Pero el método evangelizador de Carlos es gritar el Evangelio con la vida: con la amistad, la fraternidad, la bondad, las señales del Evangelio, acogiendo y sirviendo a los necesitados.

      Celebrando diariamente la Santa Misa, poniendo a Jesús presente en medio del desierto en la Eucaristía, adorándolo día y noche, Jesús irradiará su gracia en los no creyentes, es Él quien da la gracia de la fe y la conversión.

       Carlos de Foucauld no es un evangelizador tradicional, no rechaza este método, es un nuevo soplo del Espíritu. Es un nuevo camino. Jesús fue evangelizador desde la Encarnación hasta la cruz. La mayor parte de su tiempo no predicó. Pero gritó la Buena Nueva de la Salvación con su vida.

      Ve que su vocación no es predicar, sino testimoniar a Jesús con la bondad, la amistad, la fraternidad, el servicio, la acogida.

      Uniendo estos valores a la predicación seremos mejores instrumentos para la misión evangelizadora.

      ¿Este estilo y camino foucauldiano dice algo a los evangelizadores del siglo XXI? Un dicho reza así: “Las palabras convencen, pero los ejemplos arrastran”. El testimonio de vida evangélica evangeliza más que anunciar las palabras evangélicas.

      El hombre y la mujer del siglo XXI creen más en los testigos que en los maestros. Mejor si el maestro es también testigo.

      Carlos de Foucauld no vio el fruto de su camino evangelizador. Es la Iglesia en los últimos cien años quien recibe los frutos de éste estilo a través de todos los que se alimentan de su testimonio.