Con el mes de julio comienza la segunda parte del año, y es el tiempo de las vacaciones, propicio para descansar, pues es importante tomarse un tiempo fuera de la rutina normal. Cada día podemos evaluar lo que vamos haciendo, renovar energías, encontrarnos con aquellos a quienes hace mucho no vemos: parientes y amigos, poder viajar si se tiene la posibilidad, ver nuevos y antiguos lugares. Ir a la playa o a la montaña, y por qué no, pensar en nuevos proyectos de vida. 

Hoy en día es importante tomarse su tiempo para el descanso, no importa la estación del año, ni la condición económica. No hay que inventar muchas cosas para descansar, solo salir de nuestras rutinas diarias. Buscar el lugar propicio o la actividad adecuada, pues no somos máquinas de trabajo, sino criaturas de Dios, creados por él, quien  dispuso y creó  este tiempo especial para nosotros. Debemos aprovechar para bien nuestro y gloria suya, pues también, el Señor  descansó.

En nuestra pastoral se tiene por este tiempo los campamentos de verano, por la disminución de la pandemia hay algunos grupos, comunidades y parroquias que piensan retomarlo de nuevo. Lo ideal sería que fueran en algún lugar rural o a orilla del mar, pero muchas veces no se tienen las posibilidades para que se realicen en dichos lugares.  Esto da pie a la gran creatividad pastoral que hay entre nosotros, pues muchos se celebran en el recinto parroquial con jornadas de mañana o tarde donde niños o adolescentes o jóvenes se instruyen, juegan, se divierten sanamente, oran y crecen en su fe. Lo importante es que  esta parte del año se aproveche para seguir haciendo presente al reino y descansar para renovar fuerzas y seguirla dando por Cristo.

También el Papa Francisco ha instituido para el mes de julio la Jornada de los Abuelos y Mayores, teniendo como telón de fondo el domingo 24, el Papa ha enviado un mensaje para esta celebración a toda la Iglesia. Como en otras ocasiones lo ha dicho, vivimos en la sociedad del descarte, y se ve al adulto mayor o anciano como carga, algo que impide las realizaciones de los otros, sobre todo en el plano económico, y no debe ser así, el Santo Padre invita a que valoremos a nuestros adultos mayores, pues mucho de lo que somos y tenemos se lo debemos a ellos, por lo tanto deben ser valorados en su justa medida. 

Por historia sabemos que en la antigüedad y en muchas cultura el anciano es sumamente valorado, es pilar de la sociedad en que se vive, pero lamentablemente en nuestra cultura de hoy y en esta etapa de la historia en que hemos logrados tantas cosas maravillosas, lo medimos todo por el coste económico y a partir de ahí  vemos al adulto mayor como un fardo que cargamos encima el cual, retomando la denuncia de Francisco, es algo que debemos descartar. Se va fomentando entre nosotros la Pastoral de los Adultos Mayores, como instrumento de la Iglesia y en pro del reino, para acompañar en esta parte de la vida, suplir en algunas necesidades e invitar a que se valore en su justo lugar al anciano en medio de nosotros. Tenemos y debemos fomentar esta pastoral y hacerla posible en nuestras parroquias y comunidades y así contribuir a que cese esa percepción del adulto mayor y se le dé el justo lugar que ellos merecen.

Que en este mes de julio descansemos, y sigamos trabajando pastoralmente con nuestro niños, adolescentes y jóvenes en los campamentos de verano y fomentemos la pastoral del Adulto Mayor en nuestra Iglesia.