EL GUERRERO DE DIOS

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Volveré una vez más al tema de Miguel, el guerrero de Dios. Es un tema importante en relación con nuestro arcángel y al mismo tiempo, un servicio muy amable para él. Es un guerrero, es decir, el defensor de la verdad de Dios sobre el mundo y sobre el hombre, la verdad completa e integral, sin mutilación, sin disminución y sin contaminación. Miguel no lucha por sí mismo, sino en nombre de Dios, que es bueno y misericordioso, que es el príncipe de paz, bien y justicia. Es un guerrero del Rey Divino, por lo tanto, no amenaza a nadie, porque quiere venir como ayuda de todos, para que alcancen la felicidad eterna. Así, la Iglesia lo alaba:

De siete espíritus angélicos,

eres tú el principal,

de pie ante el trono celeste,

sirves, Miguel, al Señor.

De gloria incomparable

gozas entre los santos.

En el cielo y en la tierra

potestad te ha sido dada.

Del monte Sinaí

fuiste resplandor y decoro.

Eres digno intercesor

después de la Reina del cielo

Te invocan con amor

todos los coros angélicos,

y todos los santos del cielo

devotos también te aclaman.

Con estas palabras lo alaban los fieles, cantando las Horas en su honor. El autor del texto, San Alfonso María de Ligorio (1696-1787), el fundador de los Redentoristas expresó precisamente la esencia del culto que le rodea en la tradición cristiana, oriental y occidental a San Miguel. En la iconografía, el arcángel Miguel se representa como un caballero con armadura, con alas, con una espada en la mano derecha, a veces con una lanza, con un escudo con la imagen o símbolo de Cristo o un pergamino con una de las inscripciones: ” Soy el guerrero de Dios”, “Llevo la espada en alto”, “El temor de Dios es el fuego de los malvados” y venció y ató a Satanás en forma de dragón a sus pies.

El arcángel Miguel también se muestra en muchos iconos que representan sus milagros. El más famoso es el milagro de Canne, donde salvó los templos de ser ahogados por los paganos. Según la tradición, ocurrió un milagro en Asia Menor cerca de Hierápolis, donde se estableció en Canne un templo dedicado a San Miguel Arcángel. La cuidó el monje Archip, un anciano con barba puntiaguda, quien le pidió ayuda a Miguel. El arcángel golpeó con su lanza los cimientos del templo, abriendo una brecha en la piedra, hacia la cual dirigió dos chorros de agua que corrían desde arriba, salvando el templo de inundaciones. Este icono se hizo popular después del siglo XIII y también apareció como tema en los Salterios.

P. Jan Jimmy Drabczak CSMA