Hermana Matilde Polanco

El diácono Carlos Polanco Rivera, nació en El Higo,  Puerto Plata, sus padres fueron los señores Tomás Rivera y María Cristina Polanco. Creció con sus abuelos, quienes desde su fe sencilla se ocuparon de bautizarlo y de transmitirle el amor a Cristo, y la devoción a la Virgen María al rezar el ángelus al mediodía y al final de la tarde. Esa devoción mariana se fortaleció con su llegada a Santiago  al tener una fuerte experiencia de fe con Nuestra Señora de las Mercedes.

Contrajo matrimonio con la señora Josefa Álvarez Flores en la parroquia San Isidro Labrador de Luperón el uno de febrero de 1961. Procrearon 14 hijos a quienes formaron y educaron en los valores cristianos y ciudadanos.

Buscando el bienestar de su familia y  especialmente de sus hijos, se trasladaron a Santiago.  Fue un padre ejemplar y un ser humano lleno de cariño, bondad y ternura, para él sus grandes tesoros fueron: Dios, la Virgen, la familia y su comunidad de fe.

Comenzó a servir como catequista en la capilla san José, de la parroquia La Altagracia, luego se muda al Ensanche Libertad y se integra a la parroquia san Francisco de Así, en donde continuó  sirviendo como catequista, y responsable de la Legión de María. El 7 de abril de 1975 es instituido Presidente de Asamblea por Mons. Roque Adames, y comienza junto a los sacerdotes de la nueva parroquia a acompañar a las comunidades de La Ciénega, Los Guineos, Jacagua, Los Tocones, Palmar Arriba, El Ciruelito y Los Salados.

En el año 1978 se muda con la familia al sector Hoyo de Lima, y se incorpora a la parroquia Santa María Madre de la Iglesia.  Ingresa a la Escuela de Diáconos Permanentes y al concluir los estudios es ordenado el 17 de febrero de 1985. Desde este nuevo ministerio acompañará a las comunidades: Hoya de Lima, Rafey, Alto de Rafey, Ensanche Bermúdez, Los Robles, Santa Clara, San Miguel, El Ingenio, El Cementerio, La Cacata, Los Tocones. Su pasión por anunciar el Evangelio era tan profunda, que a pesar de sus noventa años, seguía anunciando la Palabra de Dios.

Su vida fue siempre un surco abierto donde Dios Padre sembró los dones del Espíritu Santo, haciéndolo sensible ante las necesidades de las viudas, los huérfanos, los ancianos y los enfermos. El Señor lo bendijo abundantemente a lo largo de su vida: 96 años de vida, 61 años de unión matrimonial y 40 años de diaconado permanente. Después de cumplir su misión de ser sembrador de la esperanza en esta tierra, pasó a la morada eterna del Padre el 9 de octubre de este año .