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La carta de Balaguer, remitida al Nuncio Zanini el 16 de febrero de 1960 como respuesta a la que este le enviara el día anterior, continuaba en los siguientes términos:

“Las consideraciones que hace Vuestra Excelencia Reverendísima acerca de la necesidad de que se mantenga la concordia, base indispensable para la realización de toda obra inspirada en el bien común, coinciden con los sentimientos que animan a Su Excelencia el Generalísimo Dr. Rafael L. Trujillo Molina y a todo el Gobierno Dominicano que han aspirado siempre a que en el país reine la mayor armonía para que la paz pública descanse sobre bases duraderas y tenga el carácter de un beneficio sólido y estable del cual participen por igual todas las clases sociales.

En relación con la solicitud de los Reverendos Padres Martín Juffermans y Narciso Alonso, S.J, me permito informar a Vuestra Excelencia Reverendísima que el Secretario de Estado de Finanzas, Señor Furcy Pichardo, en memorándum distinguido con el No. 143, de fecha 11 del mes de febrero en curso, ha sugerido al Poder Ejecutivo que se adopten medidas para conjurar las deplorables repercusiones que la pastoral dirigida el 31 de enero último por los altos jefes de la Iglesia dominicana ha tenido sobre las recaudaciones fiscales, y ha recomendado que entre las providencias necesarias que se adopten se incluya la supresión total o la reducción de las subvenciones que el Estado otorga a diferentes instituciones religiosas.

La recomendación hecha por Vuestra Excelencia Reverendísima en favor del Colegio Agrícola “San Ignacio de Loyola”, de Dajabón, sería, sin embargo, considerada por el Gobierno, de acuerdo con los deseos expresados por el Generalísimo Trujillo, por tratarse no sólo de una institución que ha realizado en el país en los últimos años una obra de vasto alcance educativo y social sino también por el noble interés que Vuestra Excelencia Reverendísima manifiesta en favor de la solicitud prealudida.

Su Excelencia el Generalísimo Trujillo me ha dado el grato encargo de expresar a Vuestra Excelencia Reverendísima que acoge con especial agrado el ofrecimiento que Vuestra Excelencia Reverendísima le hace espontáneamente de su deseo de prestar la más desinteresada y firme colaboración a la labor de paz y bienestar que realiza en beneficio del pueblo dominicano. El Generalísimo Trujillo aprecia en el más alto grado esa noble y generosa actitud de Vuestra Excelencia Reverendísima que coincide con sus propios sentimientos y que tiene el singular valor de reflejar fielmente el augusto pensamiento del Soberano Pontífice, expresado en reciente mensaje al Episcopado Nacional, sobre la necesidad de que la paz y la concordia imperen  no sólo en la República Dominicana sino en todo el mundo cristiano que se haya hoy enfrentado a la grave amenaza que representa el comunismo para la supervivencia de la civilización que tuvo su origen en Cristo y que de Él ha recibido la inspiración y el altísimo espíritu de fraternidad que le han hecho imperecedera en la historia.

Saluda a Vuestra Excelencia Reverendísima con sentimientos de la más distinguida consideración.

Firmado

Joaquín Balaguer.

La habilidad de Zanini le permitió comprender, con carácter inmediato, que, tras aquella elegante comunicación, se expresaba el malestar del gobierno con la reciente carta pastoral, por lo cual, con similar elegancia, consideró oportuno  recordar al gobierno deominicano, a través de una nueva carta a Balaguer, dirigida el mismo día 16 de febrero de 1960, las obligaciones internacionales del Estado  dominicano resultantes del Concordato con la Santa Sede.

En la referida misiva, con su habitual firmeza y elegancia, expresaría que el principio clásico que rige las obligaciones contraídas entre los Estados, conforme lo estipula el derecho internacional, es el “Pacta sunt servanda”, es decir, que aquello que se pacta debe ser cumplido.

Poco tiempo después, debido a las presiones del régimen de Trujillo, Monseñor Zanini abandonaría el país.