Con el último artículo terminé una serie de reflexiones sobre san Miguel Arcángel bajo el título: Bajo el cuidado de san Miguel Arcángel. En esta oportunidad quiero enfocarme en el tema angelical en sentido general, compartiendo perlas del mundo de los ángeles por un tiempo más extenso. Será una serie de reflexiones bíblicas en las que conoceremos y entablaremos aún más amistad con el mundo de los ángeles, esto también nos enseñará a hablar con ellos. La Sagrada Escritura, que muchas veces habla de los ángeles y de las tareas que Dios les ha confiado, nos ayudará a comprenderlo.

El Salmo 91 dice que Dios ha mandado a sus ángeles para que nos cuiden durante toda nuestra vida. A su vez, el libro del Éxodo recomienda escucharlos y respetarlos (23, 21). Además, la Santa Iglesia nos invita a cultivar la reverencia a los ángeles y a tratarlos con confianza, ya que ellos se preocupan constantemente por nuestra salvación y santificación. Asimismo, Dios quiere que junto a los ángeles busquemos la felicidad eterna en el cielo, por eso vale la pena conocerlos ahora y amarlos con cariño.

Decía San Juan Vianney: nuestra alma es como un niño que debe ser constantemente guiado e instruido. La edad no es importante, nuestra alma, como un niño, necesita apoyo espiritual, guía y recordatorio. Los ángeles en este campo son perfectos pioneros, por voluntad de Dios. Sabemos por la Revelación Divina y la enseñanza de la Iglesia, que los ángeles son criaturas espirituales, no tienen cuerpo. En el libro de Tobías, por ejemplo, el arcángel Rafael, al revelar su identidad, confiesa: “Ustedes me vieron comer y hablar, pero solo era apariencia” (Tb 12,19). Lo mismo ocurre con el Ángel del Señor, que se apareció a los futuros padres de Sansón para anunciar su nacimiento (Jue 13,15-25), pero aquí el Ángel declara claramente: No comeré su pan (v. 16).

Como puede verse, la Biblia reconoce la posibilidad de recibir alimentos como la marca básica de identificación que distingue a los ángeles y otros seres de naturaleza espiritual de los humanos. Jesús Resucitado, para dar a los apóstoles una prueba incuestionable de la verdad de la resurrección, les pide de comer, diciendo: ¿Tienen algo de comer aquí? (Lc 24,41) y tomó (esta comida) y comió delante de ellos (Lc 24,43). Que esta primera perla sea una invitación a seguir disfrutando de este manantial espiritual. 

Padre Jan Jimmy Drabczak CSMA