Pseudo-Dionisio Areopagita, quien vivió entre los siglos V y VI, dedicó muchas páginas al tema de los ¨Ángeles de la Luz¨ en su enseñanza. Él ve a los ángeles principalmente como prototipos de la creación que dan luz, irradiando amistad hacia las personas. Hablando de la jerarquía angelical, señala:

¨La finalidad de la jerarquía es llegar a ser como Dios y estar unida a Él, en la medida de lo posible […] Mirando impasible a Su divinidad e identificándose con ella, la jerarquía recibe, según su capacidad, el cuidado de Su Divinidad y hace de sus propios miembros imágenes de Dios y espejos perfectamente transparentes e impecables, listos para abrazar la luz primogénita y el rayo de la Soberanía Divina misma, y ​​finalmente, ligeramente llenos de brillo proveniente de Dios¨ (Escritos teológicos, Cracovia 2005, p. 83).

¨A todas las potencias celestiales se les da el nombre común de ángeles, porque todas tienen la misma capacidad de conformarse a Dios y de recibir, más o menos, la luz que viene de Dios¨ (ibid., p. 92). ¨El nombre Serafines significa aquellos que arden con fuego. Este nombre refleja expresamente su giro eterno e ininterrumpido en torno a las realidades divinas […] su capacidad inquebrantable e inextinguible de almacenar e impartir luz […] Están llenos de la luz más alta y están saturados, en la medida de lo posible, con visión contemplativa […] Resplandeciendo en las Tres Personas de la Belleza, que es la fuente de toda belleza¨ (ibid., p. 95-97).

Otros Padres de la Iglesia también se refieren a ellos como ángeles de luz. San Andrés de Cesarea, que vivió en el siglo VI, les llama estrellas por el brillo de su naturaleza y la santidad de su vida, igualmente San Andrés. San Juan Crisóstomo (350-407), les llama dadores de luz y luceros de la mañana.

P. Jan Jimmy Drabczak CSMA