Surcando el opaco cristal de los aires avanzas, garza solitaria.

Vuelo lento.

Pesadumbre en cada pluma de tus alas.

¿A dónde marchas desolada?

¿Huyes acaso de la noche?

No sabían de tu herida

tus compañeras de bandada.

¿No leyeron en tus ojos la congoja?

Te enrojecen aún

las últimas luces del crepúsculo ya se va oscureciendo

la nieve de tus plumas

y el rayo de tus ojos mortecinos. Pero el viento sabe de tus cuitas, manojito de nieve pesarosa;

él será cálido aliento en tu contorno, soplo vital para tu alma entumecida.

¿Dónde pernoctarás?

¿En qué olvidado nido?

¡Aprisa! Que será densa la noche

y se cierne la oscuridad sobre tus alas.

Mas, no temas:

Será tu techo el ancho cielo. Las estrellas velarán tu sueño y mañana

la aurora

te traerá

hecha de luz

otra bandada.