¡A marcar y a dejarnos marcar!

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Me encanta el verbo “marcar”, reco­nocien­do que ha elevado su importancia en los últimos días. Pero, en ese orden, aclaro que no me referiré a la “marca país”, tema de actualidad, harto tratado des­de mil vertien­tes, don­de se mezclan las buenas intenciones con, quizás, el lucro, la rapidez y el talento no de­bidamente estirado.

Tú y yo, en mayor o menor medida, hemos marcado personas o hemos sido marcados por ellas. A veces ocu­rre de manera incons­ciente, al azar, de for­ma espontánea o calculada. Somos una suma de marcas en nuestro espíritu, mente y cuerpo. Ellas nos forman o deforman. Y no siempre las notamos, hay marcas imperceptibles que determinan nues­tro futuro y tal vez nunca nos enteramos de su existencia.

Las marcas inician desde que nacemos, en nuestras familias, la escuela, los  amigos, el barrio, rincones coti­dianos y espacios ex­traños. Por igual, nuestras actuaciones marcan a otros, para bien o para mal, depen­de en gran de medida de no­sotros. Una mirada mal interpretada, una sonrisa sincera, un saludo efusivo, una palabra de aliento, una expresión fuera de lugar, un reco­noci­miento sencillo a lo que hacemos, un abra­zo sentido, la doncella que en la fiesta se negó a bailar con noso­tros, el preguntar o contestar sin antes ra­zonar… Todo eso pue­de marcar, hasta eternamente.

En estos tiempos de incertidumbre, siempre adecuándonos a los protocolos de salud, dentro de nuestras posibilidades, marquemos a quien lo re­quie­ra, a quien le falte el pan, a quien tenga el alma sangrante y la esperanza marchita. Demos una pequeña ayuda, ofrezcamos fra­ses de solidaridad o gestos de amor, que para el prójimo que lo necesita ese detalle puede ser la diferencia entre la paz y el espanto, o, en el más trascendente de los casos, en­tre la vida y la muerte.

También dejémo­nos marcar, pero para ser mejores ciudada­nos, para ser más útiles a los demás, para comportarnos como Dios manda en nuestro en­torno, nuestros hogares, donde laboramos. En definitiva, para lo­grar que nos marquen correctamente, evitemos a los pesimistas, a los promotores de odio, a los intolerantes, a los envidiosos, a los egoístas del triunfo ajeno, a los que no sa­ben amar, a los que no valoran la natura­leza, a los que no saben ser­virle a los demás.

¡Caramba, marquemos y dejémonos marcar, siempre para el bien, que así ganamos todos, incluyendo la socie­dad!